Mamá Rin 15 (o manteniendo el enfoque)
Abril 17, 2009 por Karla Bayly
Escrito en Inversiones, Salud Financiera
¿Me gustan las camionetas? ¡Puedes asegurarlo! ¿Quiero tener una camioneta? ¡Sí! ¿Dejaría de poner dinero en mi cuenta de retiro para pagar la mensualidad de una camioneta? ¡Jamás!
Acabo de enterarme vía Facebook que me convertí en la única mamá del grupo que maneja Rin 15”. Mi estimada Sofía nos anuncia con bombo y platillo que su esposo acaba de hacer su sueño realidad y que, a partir de ahora, en lugar de consumir sus habituales 40 litros de gasolina Magna, consumirá únicamente gasolina Premium para llenar tanques de 65 litros.
No puedo evitar recordar la grata sensación que experimenté en la prueba de manejo de la camioneta de mis sueños ¿prueba de manejo? Así es, lo hice, pero diré a mi favor que únicamente fui a la agencia para informarme sobre precios y planes de crédito para hacer números y terminar de convencerme de que por el momento debo seguir ahorrando para poder adquirirla. Hice la prueba porque el vendedor insistió demasiado y también, debo confesar, porque sucumbí a la curiosidad de probar si valdría la pena vivir en la zozobra del pago de mensualidades con tal de “pertenecer” al club de las felices poseedoras de una camioneta.
Para nadie es novedad que vivimos en una época consumista donde gran parte de nuestras carencias son imaginarias. Analizándolo fríamente, un auto es un medio de transporte, sin embargo hoy en día los autos han dejado de ser solamente autos para convertirse también en símbolos de estatus, credenciales para pertenecer a clubs elitistas y, en algunos casos, muletas para sostener la autoestima de quien los maneja.
Lejanos me parecen aquellos tiempos cuando nadie nos juzgaba por llegar a la escuela en “vocho”, donde mis hermanos y yo nos apiñonábamos en el asiento trasero y hasta hicimos audaces trayectos de más de 8 horas para llegar a Acapulco cuando la Autopista del Sol no era ni siquiera un proyecto. No recuerdo tampoco haberme sentido apenada por el hecho de llevar las “bicis” amarradas (con mecate, claro) para pasar todo un día de esparcimiento en Chapultepec. Entonces, ¿por qué a veces me siento “rara” cuando estoy en la fila de autos para recoger a mis hijos de la escuela? Y que conste que mi auto tiene aire acondicionado, reproductor de CD’s y que la única que sabe de sus más de 150,000 km soy yo y ahora tú que estas leyendo esto.
Cuando ese sentimiento me invade recurro a visualizar lo que realmente deseo. Si bien el cambio de auto me produciría cierta felicidad, seguramente ésta se agotaría antes de rodar los primeros 30,000 km (recuerdo que cuando compré mi auto actual también fui muy feliz) y eso sucederá antes de 2 años, cuando mi flamante camioneta ostente algunos rayones y banquetazos y las vestiduras delaten la existencia de un par de preescolares. Tiempo durante el cual viviría “atada” a una mensualidad, servicios más caros, gasolina más cara, seguro y tenencia más caros y, a decir verdad, esos son gastos que por el momento prefiero evitar.
Por ahora me encuentro enfocada en consolidar mi negocio, contribuir para pagar la hipoteca de nuestra casa, ahorrar poco a poco para renovar mi auto e invertir en un plan para el retiro que me da la tranquilidad de que, al llegar a los 65 años, voy a vivir muchos, muchos años sin depender económicamente de nadie. Honestamente no creo que exista una camioneta en el mercado que pueda compensarme eso ¿tú que crees?


Leí con detenimiento tu artículo y quisiera hacer algunos comentarios al respecto:
1- Los seres humanos tenemos la capacidad de realizar nuestras propias decisiones independendientemente la situación política, social y financiera y el hecho que tu no puedas o quieras comprar una camioneta, no significa que los demás de abstenerse de lo mismo.
2- ¿Has hecho alguna encuesta en la calle de lo opina la gente de la casa que vives, o del carro que manejas?, podría asegurar que para muchos sería excesiva, sin embargo, te respeto el hecho que para ti sea lo más conveniente y lo que puedes pagar o tener.
3- Disculpa no sé quién eres ni te conozco pero a lo mejor esto criticando tus creencias socialistas o comunistas en donde todos son iguales y deben tener lo mismo (misma casa, mismo coche, mismo estilo de vida) aunque me imagino que si este fuera el caso y eres practicante de esa doctrina y vives en una casa popular y tu coche es del mismo tipo.
4-Por lo que comentas veo que tus hijos van a escuela privada y tienes un buen coche, aunque no sea la camioneta o carro de tus sueños.
Me queda claro que tus ingresos y ahorros comparados con los de mi vecina, la señora que trabaja en mi casa, y las de tu amiga son muy distintos, entonces cada quien tiene lo que puede pagar y tener.
Y si mañana tu amiga o tú o yo tenemos el deseo de visitar Europa o estrenar ropa cara para ir a una boda, ¿también es un exceso?.
Cada quién sus gustos, cada quién sus prioridades, cada quién sus ingresos y posibilidades, gracias a Dios, vivimos en un país libre…
Rubén gracias por tu comentario. Si bien leíste con detenimiento mi post creo, que se te pasó el hecho de que yo no digo que este mal comprar nada, ni de que si yo no puedo tenerlo, entonces los demás tampoco. Si te dueles de la abundancia de los demás, entonces la abundancia nunca llegará a ti.
Como bien lo dices, cada quien su vida y cada quien sus prioridades. En mi caso, independientemente de lo que haga el mundo, decido no dejarme llevar por lo que los demás hacen (hay una frase muy buena que lo ilustra: “Keeping up with the Joneses“) y mantenerme enfocada en lo que es verdaderamente importante para mi que, al final del día, es lo que yo puedo controlar.
Te invito a hacer el experimento.
Saludos!