¡Cuidado con fraudes y engaños!

Fraudes y engañosYo no sé ustedes, pero yo soy suertudísima y súper especial. En las últimas tres semanas mi compañía de TV de paga, Dish, me ha informado que soy una de las 25 afortunadas de tooooodo mi estado para disfrutar de una tarifa preferencial para la contratación de canales extras (que no necesito) y, dado que fui una loca y rechacé esa oferta, días más tarde me informaron que mi número de cliente había sido seleccionado para poder disfrutar de la misma promoción. ¿Soy o no soy súper afortunada?

Cualquier persona es blanco para fraudes y engaños. Puede ser algo tan simple como la caricia de una llamada que nos apapacha el ego hasta estrategias elaboradísimas destinadas a despertar a ese avaro que todos llevamos dentro.

Según David Krueger, autor de “The Secret Language of Money”. Los delincuentes de cuello blanco, entre los que se encuentra quien idea las estrategias de venta de mi compañía de TV de paga, se especializan en hacernos creer que nuestras fantasías pueden hacerse realidad ¿Quieres ser rico? Yo te voy a decir como. ¿Quieres sentirte especial? Compra este producto o contrata más canales (que nunca verás) pero solo personas especiales como tú podrán pagar ese precio. ¿Quieres que los demás te admiren y envidien? Yo poseo el secreto para lograrlo, tú único esfuerzo será escribir un cheque a mi nombre.

 Platicadito hasta risa puede dar, pero lo cierto que, humanos nosotros, somos todos posibles víctimas de este tipo de engaños pues en nuestro cerebro existe la necesidad de creer qué lo que nos ofrecen es real (¿quién no se ha llevado la espantada de su vida en una casa de sustos solo porque entró creyendo que ahí si asustaban?).

Además de nuestra necesidad natural de sentirnos especiales existe también la necesidad de probar nuestra valía y la de pertenencia. Alguna vez alguien llegó a mi puerta a vender una membresía de desayunos. Cuando dije que no, la vendedora alzó una ceja y me dijo “Su vecina de aquí enfrente ya la compró ¿a poco usted no la va a comprar?” Yo cerré la puerta, pero me imagino que la estrategia funcionaba algunas veces por la seguridad con la que la aplicó conmigo.

Más remarcable aún es la facilidad en que solemos repetir nuestro error al caer recurrentemente en este tipo de engaños creyendo que si ya nos pasó una vez es improbable que se repita de nuevo o queriendo sacarnos la espina. Lo cierto es que “cuando algo parece ser bueno, seguramente no lo es tanto”

¿Qué podemos hacer para evitar ser víctima de fraudes y engaños?

  1. Inhala, exhala, inhala, exhala. Cuando alguien se ha tomado la molestia de ir hasta ti para ofrecerte algo extremadamente bueno no se irá en los siguientes cinco segundos (aunque diga que sí lo hará).
  2. Pregunta, pregunta, pregunta. La operadora de Dish se oía bastante confundida cuando cuestioné la mecánica del sorteo ¿quién demonios va más allá del “Wooooow, gané”?
  3. Investiga a quien te ofrece esta maravilla. ¿La inversión de tu vida? Muy bien, solo demuéstrame quien eres, cuáles son tus credenciales y dónde te voy a encontrar si tengo cualquier duda o quisiera volver a invertir. Pero muy especial. ¿A quién debo recurrir si tú y yo tenemos alguna, digamos, incompatibilidad de caracteres?
  4. Cuéntaselo a quien más confianza le tengas. Recuerda que no hay preguntas tontas sino tontos que no preguntan. Toma el teléfono y consultado con alguien que conozca del tema o que tenga el poder de aterrizar tus fantasías en la pista de la realidad. De hecho, sucede que al contar el hecho con nuestras palabras y no con las de quien nos ofrece la súper-única-y exclusiva oportunidad nos hace ver lo irreal de esta.

Nuestro cerebro está programado para reaccionar por impulso y no podemos cambiarlo. Lo que sí podemos hacer es aprender a controlar esos impulsos detectando nuestras reacciones y regalándonos el tiempo para dar varias vueltas al tema antes de abrir nuestra cartera. Recuerda, toma el control de tu dinero antes de que alguien más lo haga por ti.

Karla Bayly