No compres, mejor conoce

Mi padre fue un hombre muy especial, la herencia que recibí de él no fue en absoluto material, fue compuesta de pequeñas frases que en un tiempo no tuvieron mucho sentido sino hasta que mi propio tiempo fue dándoles significado.

 “Desparrama la vista”, en su argot muy taurino, se convirtió, por ejemplo, en algo que va desde su regaño por ir muy deprisa en un estacionamiento perdiendo la oportunidad de conseguir un buen lugar hasta en aprender a observar a las personas que te rodean para intentar anticipar su reacción. Y así, muchas, muchísimas frases encierran la sabiduría que sin quererlo lo convierten en mi pensamiento de cada día.

 Este fin de semana apliqué, una vez más, su “No compres, mejor conoce” que se convirtió en su favorita cuando muchas veces me acompañó al aeropuerto rumbo a algún viaje de trabajo. No había más que decir, la ropa, los “souvenirs”, los regalos, todos son cosas que se gastan y pierden significado. Pero el dinero, invertido en experiencias, ése dura para siempre.

 Las marcas hacen un excelente trabajo convenciéndonos de que el ser poseedores de un objeto no hará “parte de” haciéndonos olvidar que lo mejor y más importante es ser parte de nosotros mismos ¿significa esto incorporarnos a un club de ermitaños anti-consumo? No, no lo creo.

Creo que, en una realidad donde los recursos son limitados (el dinero, no importa la cantidad de la que dispongamos, siempre tiende a ser escaso), es importante cuestionar el tipo de experiencia de obtendremos al gastarlo. “¿Qué necesidad queda satisfecha cuando gasto en:_____________________________?” Vale la pena preguntarnos al momento de sacar la tarjeta o el efectivo de la cartera.

Cada uno de nosotros responde a un diferente esquema de valores y prioridades. Actuar en congruencia a ellos, independientemente de cuál sea, nos satisface una experiencia. Gastar nuestro dinero en base a los valores y necesidades de externos, en lenguaje simple, gastar: “ por quedar bien”, “por cumplir”, “porque está de moda”, no se convertirá en una experiencia agradable para conservar sino en un recuerdo tendiente a gastarse rápidamente.

Uno de los principales enemigos de las finanzas sanas son las compras por impulso. Una vez que cada uno de nosotros se ha convencido de la necesidad de ser conscientes de nuestra realidad financiera puede comenzar por cuestionar sus gastos, no en base a lo que otros pudieran pensar de ellos, sino en base al tipo de experiencias que nos proporcionan ¿Yo? Yo me quedo con el “no compres, mejor conoce”.

Tener claras las propias necesidades y convertir el gasto en experiencias, no de culpa, ni de agobio, sino en satisfacción y buenos recuerdos, ésa es la clave a observar antes de firmar. Recuerda, toma el control de tu dinero antes de que otros lo hagan por ti.

Karla Bayly